viernes 2 de diciembre de 2011

Ciudad de mierda

Esta es una ciudad de mierda
que no sabe nada de las madres
que se sientan en los sillones de su casa
vacía
a pensar que ya nadie las
volverá a enamorar con canciones de
Johnny Mathis.
Esta es una ciudad de mierda porque
he
visto ciegos impolutos
que no saben cómo interpretar
mi tacto
ciegos fríos que no saben
cómo sortear ese pasado indisoluble
que se parece tanto a un bosque de estatuas
mudas.
Cada vez que cumplo años
me dan ganas de ir a sembrar
una estaca con el nombre
de todas las mujeres
que me han sonreído en el bus
y sé bien que esta es una ciudad de mierda
porque cada vez que lo intento
alguna de ellas se pone
sus mejores
zapatos y sale al mundo a escupir
en los rincones.
Ciudad de mierda.
Por eso las adolescentes vírgenes
están rezando a la hora de los crepúsculos
para que Lady Gaga les haga un guiño.
Por eso los adolescentes erectos
se afeitan los genitales a la hora de los tumultos
y a la hora de los anillos extraviados.
Todos sabemos que esta es una ciudad de mierda
sin una pisca de buen humor
y sin embargo cuando hay tardes soleadas y ventosas
(como las de diciembre o las de la infancia)
somos incapaces de quedarnos en casa
escuchando
canciones de Johnny Mathis
con nuestros temblores

2 comentarios:

Anónimo dijo...

En las tardes soleadas y ventosas da tristeza la gente incapaz de abrazar prolongadamente.

Lindo poema.

C.A. Fallas dijo...

Yo soy fan de las tardes esas de diciembre o la infancia...