lunes 18 de abril de 2011

La invención del olvido


A Armando Torres Fahuaz

Estábamos a punto de fabricar un fantasma.
De altura imposible.
Estábamos afuera de la casa: en medio de la noche.
Con una tristeza oxidada
veíamos cómo se apagaba esa luz
que en otro momento se llamó madre
padre hermano perro hogar.
Estábamos llenos de frío.
Con los deseos reciclados y las manos en los bolsillos.
Cualquiera diría que no pasaba nada.
Que tan solo se trataba de un ritual condenado a la extinción.
Pero por dentro llevábamos un derrumbe.
Un sepelio lleno de borrachos sin nombre.
Y es que -repito- estábamos
a punto de fabricar un fantasma.
Éramos los últimos seres humanos
antes de que se inventara el olvido.
Teníamos un peluche roto terciado en la sonrisa.
Un cohete a escala al que nunca pusimos atención.
Un mapa donde solo había ruinas.
Estábamos solos.
Alguno de nosotros preguntó:
“en qué año habrá nacido”
Y yo no sé por qué el silencio
provocaba que la noche penetrara más en mí.

4 comentarios:

Filisteo dijo...

me gustó mucho el poema. Hurgué en la memoria, para ver si algún momento se me parecía y, quizá por ser así, genérico, encontré tantos, que entendí por qué el motivo me evocaba. Gracias, compadre. Está bien triste, sin embargo. Supongo que las alegrías son pa las noches de tragos, jaja!

P. dijo...

¡Muy bueno! me gustó mucho.
Me da una sensación de tragedia y nostalgia en un escenario absolutamente inofensivo.

¡Gracias de nuevo! Usted es uno a los que les pido que escriban más seguido

Jenaro dijo...

Gracias por darte la vuelta P. Total, yo soy de esos a quienes les gusta ser leído!!

Alejandro dijo...

"Solo una cosa no hay. Es el olvido."