
con estricto rigor se han confeccionado
cerca de 80 trillones de versos para las
mujeres más horribles del mundo
para todos esos rostros compungidos que miran los atardeceres
y sienten pena de sus hijos muertos
se han escrito billones de líneas
para reinventar
los suspiros que se extraviaron de los aeropuertos
hordas de muchachos y muchachas se trepanan diariamente
el cráneo buscando un adjetivo preciso
la rima lapidaria el ritmo capaz de conjurar el olvido
acaso el más tímido de los monosílabos
y la idea misma de la prosa
desmoronándose en los sórdidos titulares de
la prensa amarillista
se ha conjugado en cientos de millones de tiempos
desafiando minuto a minuto todo tipo
de paradigmas verbales
todos los jueves de la semana se cometen adulterios y
se cita a Bergson y a Wittgenstein en los moteles
y bajo las mesas de los bares hay
conspiraciones de sandalias y tenis
hay muchachas mojadas y adolescentes erectos
como los que hicieron delirar a los antiguos
se escriben cuatrillones de pasajes al año en los que
siempre hay un corazón infartado
exceso de alcohol drogas y lesbianas
y en cada restaurante se habla de
los viajes de Kerouac y del renovado romanticismo
del VIH
viudos autoconvocados y recién graduados
escriben extensos monólogos llenos de figuras vernáculas
y se fabrican millones de sonetos que hablan sobre
los cadáveres de los peces
la implicación
del tiempo en las cosas que nunca nos abandonaron y sobre esa costumbre
que tienen los ancianos de creer en
las premoniciones
se parafrasean pulcros anatemas que cuentan de
los vicios de Rimbaud y todas las noches dos millones y medio
de personas
antes de acostarse
cree que escribe buenos versos
el resto se conforma con ponerle nombres griegos a sus perros







